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Pese a la ausencia del padre del olimpismo, los juegos fueron exitosos; se confirmó que el mundo entero quería estar presente en la fiesta del deporte
Aunque a los holandeses les fue negada en tres oportunidades la sede de los Juegos Olímpicos, una vez que Ámsterdam albergó la gran justa, todo resultó un éxito en la organización y en lo deportivo.
Se había restablecido el clima de paz en el mundo y, por ello, Alemania fue readmitida luego de 16 años de ausencia. Igualmente, se introdujo el encendido del pebetero y el fuego olímpico se mantuvo vivo durante la duración de los Juegos.
El protocolo tuvo otra adición cuando Grecia, cuna del olimpismo encabezó el desfile de naciones en la ceremonia inaugural y Holanda, el país anfitrión, marchó en último lugar. La costumbre de iniciar los desfiles con Grecia y cerrarlos con el organizador se conserva desde entonces.
Quizás, la única situación lamentable fue la ausencia del fundador de los juegos, el Barón de Coubertin, quien se perdió su primer certamen en 20 años debido a una enfermedad. Coubertin había dejado de ser presidente del COI desde 1925.
Por otra parte, pese a las objeciones del mismo Coubertin y del Papa Pío IX, las mujeres compitieron por primera vez en atletismo aunque se limitó su participación a cinco eventos. La alemana Lina Radke-Batschauer fue apenas la segunda atleta en ganar una medalla de oro para su país en eventos de pista y campo al ganar la demandante carrera de los 800 metros. Esta prueba se recuerda porque el resto de las competidoras sufrieron por la fatiga extrema y ello provocó el COI, bajo la conducción de su nuevo presidente, el belga Henri de Baillet-Latour, suspendiera la prueba de 800 metros femenil hasta 1960.
Dos héroes olímpicos mantuvieron su dominio en sus respectivos terrenos. El finlandés Paavo Nurmi cosechó tres medallas de oro más en pruebas de fondo y medio fondo para culminar su brillante trayectoria con nueve metales dorados.
Por su parte, Johnny Weismuller volvió a imponerse en la prueba de velocidad de los 100 metros nado libre y fue partepara despedirse con cinco oros en natación y un bronce en polo acuático.
La diversidad fue otro sello de estos juegos. Deportistas de 28 naciones en total ganaron alguna medalla de oro, récord que no fue superado sino hasta 40 años después. El continente asiático obtuvo sus primeras preseas doradas gracias a los japoneses Mikio Oda, en salto triple, y Yoshiyuki Tsuruta, en 200 metros nado pecho, además, de que la selección de hockey de la India ganó la primera de sus seis medallas de oro consecutivas, de 1928 al ’60.
La realeza se hizo presente en lo más alto de un podio olímpico por primera vez, gracias al Príncipe Olav V, quien ganó oro en las competencias de vela, en la especialidad de yate de seis tripulantes.
Otros hechos destacados fueron que el egipcio Ibrahim Moustafa fue el primer no europeo en ganar un evento de lucha grecorromana y se escribió un récord que prevalece hasta la fecha porque Luigina Giavotti fue la más joven medallista de todos los tiempos al ganar plata en gimnasia como parte del equipo de Italia a sus 11 años y 302 días de edad.
México asistió con una delegación de 33 deportistas, que incluyó por primera vez al equipo de futbol, pero tampoco hubo cosecha de preseas
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