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La revancha soviética no fue suficiente para opacar la grandeza deportiva de Carl Lewis; México vive una de sus mejores justas
La revancha política de los soviéticos por el boicot Moscú’80 fue la ausencia del bloque comunista de la justa angelina cuatro años después. Mientras el pretexto de los soviéticos fue su insatisfacción por las medidas de seguridad para sus atletas en suelo estadounidense, todo el mundo lo vio como mero revanchismo, sin embargo, esta vez sólo hubo 14 naciones ausentes, pero ello significó el dominio absoluto de los deportistas locales.
Éstos fueron los primeros juegos que en su totalidad no contaron con apoyo financiero gubernamental y debieron su éxito a la infraestructura existente y al patrocinio de grandes corporaciones.
Los derechos de televisión significaron grandes ganancias para el COI y algunos críticos comentaron que los juegos estaban ‘supercomercializados’.
Sobre la pista, el estadounidense Carl Lewis emuló la hazaña de Jesse Owens 48 años después, al obtener las medallas de oro en 100 y 200 metros, el relevo 4 por 100 y el salto de longitud.
Dos británicos, Sebastián Coe (1500 metros) y Daley Thompson (decatlón) defendieron exitosamente sus títulos, mientras que la gimnasta rumana Ecaterina Szabo ganó cuatro medallas de oro y una de plata en total, sin embargo, los medios de comunicación locales dieron más difusión al triunfo de la carismática estadounidense Mary Lou Retton, campeona del all-around.
El nado sincronizado, disciplina exclusivamente de la rama femenil, fue incluida en el programa deportivo y se realizaron modificaciones a la carta olímpica para permitir la participación de deportistas profesionales, específicamente para el torneo de futbol.
En la taquilla, los juegos resultaron un éxito rotundo al atraer a las tribunas a un total de 5.7 millones de aficionados.
Por su cercanía geográfica y la gran presencia mexicana en el sur de California, México tuvo la segunda mejor cosecha de su historia con dos medallas de oro, tres de plata y una de bronce. La delegación azteca se consolidó como la máxima potencia en la marcha deportiva, gracias al 1-2 de Ernesto Canto y Raúl González en los 20 kilómetros y al oro del mismo González en los 50. Sólo en 1968 como país anfitrión, México obtuvo más preseas que en Los Ángeles.
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