|
Los parisinos borran su mala imagen como organizadores y el deporte gana con el surgimiento de grandes estrellas que dejaron huella imborrable
La Ciudad Luz había dejado muy pobre impresión en el ámbito olímpico tras albergar los juegos de 1900 y el Baron de Coubertin quiso borrar a toda costa esa mala imagen y consiguió que la gran justa regresara a su cuna, Paris.
Sin embargo, Coubertin fracasó en su papel de presidente del COI al intentar que Alemania, agresora y perdedora de la Primera Guerra Mundial, fuera admitida en los Juegos aunque logró que cuatro de los otros países vetados en 1920 fueran readmitidos.
Ésta también representó la primera participación olímpica de México, que envió a 14 deportistas varones –12 en atletismo y 2 en tiro-, sin obtener resultados sobresalientes y menos aún medallas.
Los juegos de Paris’24 dejaron honda huella en el movimiento olímpico por su organización y en el aspecto deportivo marcaron varios hitos. El estadounidense William DeHart Hubbard fue el primer atleta de raza negra en ganar una medalla individual de oro al imponerse en la prueba de salto de longitud.
Una curiosidad se presentó también en el atletismo cuando el también estadounidense Robert LeGendre rompió el récord de salto de longitud con una marca de 7.76 metros, pero ello lo hizo como parte de la competencia de pentatlón y no le bastó más que para ganar medalla de bronce en la descontinuada multidisciplina.
Los finlandeses volvieron a dominar las carrera de medio fondo y fondo con su gran astro, Paavo Nurmi, colgándose cinco medallas de oro, luego de ganar dos de ellas en un periodo de menos de una hora. A Nurmi se le inmortalizó con una estatua erigida en las afueras del Estadio de Helsinki. Su compatriota Ville Ritola no puede dejar de ser mencionado porque se llevó cuatro oros y una plata.
El tenis hizo su última aparición olímpica antes de salir del programa durante más de 60 años hasta que recuperó su status en Seul’88. La razón principal fue que el COI, que perseguía al profesionalismo a ultranza, tenía dudas sobre la condición amateur de los mejores exponentes del deporte blanco. Sin embargo, pudo sentarse en el trono femenil la estadounidense Hellen Wills, quien se convertiría en una de las máximas estrellas de todos los tiempos en el tenis profesional al ganar 19 torneos del Grand Slam entre 1923 y ’38.
La Gran Bretaña logró dos notorias victorias cuando Harold Abrahams se convirtió en el primer atleta europeo en ganar una medalla de oro en pruebas de velocidad, mientras que Eric Liddell triunfó en los 400 metros con tiempo de 47.6 segundos. Las historias de Abrahams y Liddell, así como del equipo británico, fueron plasmadas seis décadas después en la película ganadora del Premio Oscar ‘Carros de Fuego’.
De las piscinas surgió a la fama otro estadounidense, Johnny Weissmuller, de origen alemán, quien ganó tres medallas de oro en pruebas de estilo libre y una de bronce como parte de su selección de waterpolo. Weissmuller cobraría celebridad mundial en el cine al interpretar el papel de Tarzán, el Hombre Mono.
Se introdujo en esta edición el lema emblemático “Citius, Altius, Fortius” (“Más rápido, más alto, más fuerte”), así como el ritual de izar tres banderas en la ceremonia de clausura: La del COI, la del país anfitrión y la de la nación sede de los siguientes juegos.
Esta edición fue la primera a la que asistieron más de 40 países (44) y más de tres mil deportistas (3070), además, por supuesto, de que París fue la primera ciudad dos veces sede de la máxima justa, sin contar la ‘edición intercalada’ de Atenas en 1906.
|