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La antigua capital del imperio romano albergó unas extraordinarias competencias, en las que hasta el Papa fue un espectador más
Los juegos de Roma fueron los primeros televisados a nivel mundial y tuvieron una espectacular ceremonia inaugural frente a 100 mil espectadores dentro del Estadio Olímpico.
Todos los atletas, excepto los soviéticos, fueron recibidos y bendecidos por el papa en la Plaza de San Pedro. Estadounidenses y soviéticos volvieron a escenificar una competencia encarnizada y fueron los comunistas los que encabezaron el cuadro de medallas con un total de 42 de oro.
La velocista estadounidense Wilma Rudolph acaparó titulares al ganar tres medallas de oro en 100, 200 metros y en el relevo 4 por 100. Rudolph fue una de 19 hermanos y superó la poliomelitis infantil.
Etiopía surgió a la luz como potencia de las pruebas de fondo y su gran estrella fue Abebe Bikika, quien ganó sensacionalmente el oro en la maratón al correr descalzo.
Las pruebas de natación tuvieron un nivel particularmente alto al romperse récords en todos los eventos y fue la británica Anita Lonsbrough la que evitó que Australia y Estados Unidos barrieran con el oro en las 15 competencias.
Una de las grandes rachas victoriosas que se vio cortada fue la de los 30 triunfos consecutivos del equipo de hockey de la India, que había ganado todos los seis torneos olímpicos desde Ámsterdam 1928 y que perdió la final por 1-0 ante Pakistán.
Y una de las competencias más emotivas y cargada de deportivismo fue el decatlón en el que dos amigos y compañeros de universidad, el estadounidense Rafer Johnson y C.K.Yang, representante de Taiwán, pelearon hasta la última prueba por el oro. Johnson se impuso al final y cayó en brazos de su gran rival exhausto.
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